Lunes, 18 de Noviembre de 2019
:: Nuevo proyecto de Juanito Oiarzábal: 2x14 ochomiles
08/12/2009

 “Hoy quiero empezar por el final…Creo que está a mi alcance, ser el primero en subir dos veces a los catorce ochomiles...Nadie lo ha hecho aún, y probablemente nadie lo haga nunca. Escalar las cumbres de las mayores catorce montañas del planeta, es demasiado difícil, demasiado duro y demasiado arriesgado, como para que ninguno de los escasos alpinistas que lo han conseguido una vez, se haya planteado nunca volver a escalarlas de nuevo. Pero eso es lo que me motiva…” 

Cuando Juanito Oiarzábal concluyo en 2001 su proyecto de ascender los 14 ochomiles sin oxígeno, parecía que sus pasos iban a encaminarse hacia otros destinos. Pero diversas circunstancias le hicieron volver a algunos de los ochomiles ya conquistados: su trabajo de guía, algunas expediciones para acompañar y ayudar a otros como Edurne en su proyecto…el caso es que, por unas cosas o por otras, desde 2001 son ya 6 los ochomiles que ha repetido: el Cho Oyu, los dos Gasherbrum, el K2, el Makalu, el Kanchengjunga. 6 ochomiles con los dos que probablemente más problemas traen: el Kancheng y el K2. No olvidemos que Oiarzábal ha conseguido ya 23 cimas de ochomil metros.

Juanito ha pensado que ya es momento de englobar estas 6 ascensiones que no estaban dentro de ningún proyecto definido en uno sólido y concreto: Y le ha llamado 2x14. 

"Hoy quiero empezar por el final…Creo que está a mi alcance, ser el primero en subir dos veces a los catorce ochomiles...Nadie lo ha hecho aún, y probablemente nadie lo haga nunca.Escalar las cumbres de las mayores catorce montañas del planeta es demasiado difícil, demasiado duro y demasiado arriesgado como para que ninguno de los escasos alpinistas que lo han conseguido una vez, se haya planteado nunca volver a escalarlas de nuevo. Pero, eso es lo que me motiva.

Cuando llegaba por primera vez a la cumbre del Cho Oyu, en 1985, Messner y Kuckuzka peleaban por ser los primeros en escalar los catorce. Después vino el Gashërbrum II en 1987, y tras una época de expediciones «sin cumbre», llegó el Nanga Parbat en el 92. Mientras tanto Loretan realizaba sus originales ascensos en tiempos récord. Yo seguía, después subiendo «ochomiles», mientras los tres grandes alpinistas -para muchos los mejores de la historia moderna- acababan su colección de cumbres. El polaco se quedaba para siempre en las montañas, y el tirolés y el suizo automáticamente se retiraban. Parece lógico, tras asumir tantos riesgos, durante tantos años.

En el 1995, me di cuenta de que podía aspirar a los «catorce». Y por fin en la primavera del 99, en la cumbre del Annapurna, acababa mi particular carrera. Me convertía en el sexto hombre en conseguirlo. Un hito que me valió reconocimientos de todo el mundo del alpinismo. Pero ningún punto final...El año siguiente intenté -sin éxito- repetir el Everest sin oxígeno. Y en el 2001, lo conseguí por fin. Entonces fui el cuarto alpinista del mundo en subir «los catorce ochomiles» sin oxígeno. Y tampoco fue el final...


Repetí el Cho Oyu, como si fuera para quitar el gusanillo... Pero luego vinieron los dos Gasherbrun, luego el temible K2, donde a punto estuve de perder la vida. Y de donde bajé a costa de graves congelaciones en los dos pies. Reconozco que para más de uno hubiera sido el final de su carrera. Pero también quería ser diferente. Puede que no haya sido el más innovador, ni el más técnico entre los «grandes ochomilistas». Pero que nadie dude de que a mi manera, quiero ser distinto. No me retiro, y ni mucho menos, me retiran.

Al K2 siguieron tres duros años de rehabilitación, para conseguir que mis pies, convertidos en muñones, volvieran a hacerme sentir alpinista. Y tras esos años difíciles, vino el Makalu. Y después el tremendo Kangchenjunga...

Y van veintitrés ochomiles. Nadie en el mundo ha subido tantos...

Y a eso voy…

He repetido siete de los catorce. Y entre ellos cuatro de los cinco más grandes. El Everest, K2, Kangchenjunga y Makalu. Me quedan siete ochomiles, pero sobre todo muchas ganas. A cualquier alpinista de cincuenta y tres años, que se planteara subir siete ochomiles en tres o cuatro años, habría que aconsejarle cordura y sensatez y que se dedique a otras cosas. Pero tengo una gran experiencia y aún conservo una extraordinaria capacidad de aclimatación. Subir ochomiles es lo que más me gusta en esta vida, con permiso de Araceli y de mis dos hijos. Y es a lo que quiero dedicarme, y para lo que aún me siento con fuerzas...


Por delante siete montañas, y un plan ambicioso. En otoño de este mismo año, el Annapurna. Y el año que viene trataré de escalar el Manaslu, Nanga Parbat y Broad Peak. En el año 2011, dedicaría la primavera para el Dhaulagiri, y el otoño para el Shisha Pangma. Y finalmente si todo va bien, en la primavera del 2012, escalaría el Lhotse.

Sin duda no estoy tan fuerte como hace diez o quince años, y mis pies no son los mismos. Pero tengo mucha experiencia, más y mejores medios y sobre todo ganas de escalar montañas. No se puede saber el final de la película. Pero como dijo alguien una vez «en la vida lo importante no es ni la duración ni los resultados. Lo que importa es la lucha y el coraje con que se afrontan los retos».

Y lo que se podrá decir es que acabe como acabe el reto de repetir los catorce, seré durante mucho tiempo quien haya escalado más ochomiles. Ese mundo tan especial y tan diferente. Donde cuesta mucho respirar y el horizonte es de un azul intenso al que no llegan las nubes. Ese mundo formado por unas pocas montañas, que ni los pájaros más audaces sobrevuelan...”


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